domingo, 18 de diciembre de 2016

Capítulo III. Calles, polvo y callejones

TRES

Calles, polvo y callejones.

“Las batallas se ganan con los puños, y las palabras sirven en el consejo. Conviene, pues, no hablar, sino combatir.”
Homero, “La Iliada”.

Calles vacías. Nubes y más nubes de polvo. Asfixiante, opresivo. Ahogaba toda posibilidad de respirar, de ver, de planificar cualquier movimiento.
- Mie*** de polvo. – Escupió “Boxer”. Literalmente. Masticaba el polvo que le erosionaba y manchaba en ocre los dientes.
“R2” asintió sin dejar de mirar al frente. Mirar, que no ver, apenas veía el extremo de su fusil.
Habían logrado romper el cerco, pero al hacerlo las unidades habían perdido cohesión. Las fuerzas locales se dejaron llevar por la euforia de la ruptura y ahora estaban desorganizados. Por suerte los bárbaros de enfrente no estaban mucho mejor. Por ahora al menos.
Se movian poco a poco. Controlando cada paso, cada giro, cada desplazamiento. Mantenían las riendas de su personal bajo control. No hacerlo, dadas las circunstancias era clamar por un desastre.
Usaban las gafas “contra ventisca” sobre los ojos con los kufiyyas o shemaghs protegiendo la boca y nariz. Aun así masticaban el polvillo ultrafino que se burlaba de ellos traspasando las supuestas protecciones.
Curioso equipo el de “Boxer” y “R2”.  El primero un cincuentón escolta, contratista, ex… mil cosas más.  Un “gringo” de origen panameño y sangre italiana. Parlanchín y de buen humor, profesional como pocos. El segundo un infante de marina, recalcando siempre lo de “Infantería” y “Marina de Guerra”, seco y callado, tan profesional como su compañero. Curioso binomio.
El resto tropas locales que los seguían por pura fuerza de carisma y ejemplo del duo.
Las ondas expansivas de las granadas de mortero, propias y bárbaras,  agitaban el maldito polvo en todas direcciones. Cada poco alguna caía más cerca de lo deseable, arrojándoles encima tierra, piedras junto con inmundicias varias de las que preferían ignorar composición y origen.
“R2” bajó un momento su shemagh para escupir, con gesto de hastío, una masa grumosa y marrón indefinida. Tras volver a cubrirse con el pañuelo observó con calma característica el entorno
- Demasiado tranquilo. – Gruñó “Boxer” al otro lado de la estrecha calle por la que se movían.
Seguían avanzando entre un mundo fantasmagórico de polvo y explosiones aparentemente lejanas. Alcanzaron el final de la calle, una medio derruida nave industrial de algún tipo. La situación actual no había sido muy generosa con ella, apenas parecía sostenerse.
Entraron con precaución siguiendo el procedimiento tantas veces entrenado. Una vez que aseguraron el entorno permitieron que los soldados se tomaron un respiro. Estaban agotados por todo lo que arrastraban, asfixiados por el polvo, cocidos por un calor tan asfixiante como ese maldito polvo.
“Boxer” y “R2” exploraron un portón al otro extremo de la estructura.
-       Despejado – gesticuló “Boxer”.
-       Por ahora, al menos. – Le contestó su colega.
Por medio de señales manuales indicó a uno de los binomios que asegurara el espacio siguiente.
Ambos “infieles” eran cautelosos, preferian no arriesgar la vida de los hombres por prisas y carreras, y su gente lo sabía. Ventajas de la edad y la experiencia dirian algunos, principios y ética dirían ellos, otros quizás los tacharan de demasiado comedidos.
En el exterior un par de granadas de mortero hizo vibrar de forma alarmante toda la estructura de la nave. Todos sin excepción miraron hacia el techo temiendo un desplome catastrófico del mismo.
Cayeron tres granadas, estas más cercanas, provocando que la estructura ya se moviera de forma más que alarmante mientras los cubría con trozos de techumbre y cascotes.
—¡Vamos! —ordenó “R2” cruzando el portón. “Boxer” esperó, controlando el paso del resto del personal.
Solo respiraron cuando volvieron a encontrarse sin un techo inestable sobre sus cabezas. En lo cual tampoco había tantas mejoras con las granadas cayendo de forma tan aleatoria por el entorno.
-       No se si es la mejor ruta. – Gruñó “R2” por lo bajo a su compañero.
-       Tampoco tenemos muchas opciones. Solo podemos seguir la dirección actual e intentar enlazar con los demás.
Desde luego que opciones no tenían muchas, más allá de seguir avanzando, todo lo demás eran elucubraciones vagas.
Acabaron entrando en otro edificio, esta vez sin techo que se les pudiera desplomar. Curiosamente estaba casi libre de polvo, hasta se notaba un ligero frescor, al menos comparado con  el horno de las últimas horas. A través de una de las ventanas pudieron observar como se desplomaba la nave que habían cruzado unos minutos antes.
-       Eso estuvo cerca.
-       Si. Demasiado.
-       ¿Cómo lo ves? – Consultó “Boxer”.
“R2” se tomó un largo minuto para analizar en detalle el entorno antes de hacer su valoración. Su forma habitual, ni más ni menos.
-       No creo que tengamos problemas en el entorno, al menos por el momento. Los “vecinos” se están replegando a la carrera en dirección a los cerros del Norte, nosotros nos movemos en oblicuo a su movimiento.
“Boxer” asintió. Con gestos rápidos indicó al binomio más cercano la dirección a seguir.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Capítulo dos. Casa por casa... adobe por adobe.

DOS.

“Casa por casa… adobe por adobe”

“Una guerra no se gana el día de la batalla.”
EIJI YOSHIKAWA

-                ¡PITBULL! ¡PITBULL! Aquí “Mayor”. ¡Reponde coj****!
Había logrado alcanzar al equipo de avanzada y coordinaron el movimiento para terminar de limpiar la zona con las tropas locales. Pero las cosas se jodieron, para variar.  Estaban aislados y rodeados.
El barrio era un laberinto anárquico  de calles  estrechas y callejones sin salida, con altos muros de adobe o bloques a los lados, y por supuesto con media docena de bárbaros por cada esquina y ventana.  Tras expulsarlos del resto de la población se habian ido concentrando en la zona, y ya no tenían mucho donde elegir. Un destino paradisíaco sin duda alguna.
Avanzar en esas condiciones era un infierno para las fuerzas locales.  Por suerte, o por Allah, vaya uno a saber, el entrenamiento que habían recibido de los españoles que ahora los acompañaban sobre el terreno, les estaba librando de las muchas bajas que en otras circunstancias hubieran sufrido. Habian aprendido a trabajar con apoyo mutuo, a ser más coordinados, profesionales y, sobre todo, metódicos. Pero lo que ciertamente los motivaba era ver que aquellos que los instruian no se quedaban mirando desde las gradas, si no que estaban en primera línea , plasmando sobre el terreno lo que enseñaban. Sin duda eso no era lo típico.
“Mayor”, un tipo grande, mal afeitado, de respuestas rápidas y mordaces unidas a acciones controladas y medidas, era sin duda el preferido  por todos. Podía ser duro y exigente en su faceta de instructor, pero no perdía aplomo a la hora de compartir una fogata en mitad de las frías noches de las montañas. Sin escrúpulo alguno a la hora de agarrar a mano desnuda un trozo de cordero asado con couscous. Ni de quedarse en evidencia y burlas buscando pronunciar el idioma local de sus alumnos. Sin duda tenía carisma.

Aunque en este momento el tener o no tener carisma le valía un “ardite”, como a él mismo le gustaba decir en su castellano medio blasfemo medio decimonónico. Atrapados en un viejo y medio derruido patio de adobe, sin comunicaciones, el blasfemado santoral católico estaba llegando a la letra M en esos momentos.
-      -                ¡Pitbull! ¡Tu p*** madre! ¡Que alguien me responda, coj****!
Una ráfaga de ametralladora RPK barrió toda la parte superior del muro cada vez más reducido tras el que se parapetaba.
-       ¡Joder!
El denso polvo de adobe se le introducía en los ojos casi cegándolo, y la respiración no estaba mucho mejor, no sabia si del pu** polvo, de  la adrenalina, o de la mala “ostia” de maño que cada segundo que pasaba notaba crecer. Mala cosa, un maño encabronado no mide razones más allá de abrir cabezas a hachazos.
Notaba vibrar las muelas con cada impacto. El auricular de su radio comenzó a chapurrear sonidos sin sentido y evidentemente humanos.
-       -                Aquí “Mayor”, adelante. ¡Repita mensaje!
-      -                 etg… llegat… ob.. esp…
-     -                  ¡No recibo una mie***, coj****, repita.!
-     -                  Pat… direc… post.. ubv….
El santoral bajado a base de verbos no aptos para oidos bienpensantes ya estaba por la letra R y bajando. Mal día para ganarse el cielo a estocadas… o a tiros, ya que estamos.
Intentó observar por una pequeña fisura del decreciente muro de adobe, pero una ráfaga de munición trazadora, en el lugar donde pensaba colocar su barbada y enojada cabeza, lo hizo desistir. Mejor no ser curioso, la curiosidad mata a los gatos.
Buscando centrarse en mitad de aquel caos, su instinto de infante veterano le hizo comprobar el cargador del fusil. Medio cargador, mejor cambiarlo por uno completo. En su bolsa de descarga, en el cadera izquierda, llevaba varios vacíos y usados con munición variable.  Siempre que podía colocaba uno completo, no quería encontrarse agotando un cargador incompleto en la mitad de una acción decisiva. Su esposa, allá por el norte de España, con seguridad haría algo más que reprocharle esa estupidez. En cuanto tuviera un momento redistribuiría y completaría cada cargador para pasarlo a sus lugares correctos en el portaequipo del pecho.
De todas formas  veinte kilos de equipo de combate no permite muchas florituras. Debajo de las ropas locales llevaban chaleco, placas, cargadores, radio, kits de estabilización personal, explosivos, granadas, bengalas, amén de mucho equipo personal considerado por cada cual como “imprescindible”. Como los ineludibles cuchillos, en el caso particular de “Kairyu” un wakizashi y varias cuchillas más, de “Pitbull” mejor ni hablar, ¡lo que le gustan los filos al enano!
En fin, centándose de nuevo, cuanto tuviera tiempo redistribuiría munición y cargadores… sin duda ahora no lo tenía.
De repente un cambio de tono y ritmo en los disparos de los bárbaros le hizo volver a intentar mirar por la ya conocida fisura del muro. Un pelotón local, con el abuelo y gringo del grupo, el bueno de “Boxer”,  estaba atacando por el flanco de la unidad que los había acorralado
Perfecto.
-      -                ¡Avanzad!
Si bien la palabra se perdió en el maremagnum del momento, el gesto y la acción de correr hacia el edificio donde combatían bárbaros y fuerzas de apoyo, fue acicate suficiente para los soldados que lideraba.
Atravesó una puerta reventada como un jugador de rugby buscando el ensayo del último segundo del partido. Notó, no puede decirse que viera u oyera realmente, que el combate se había trasladado al otro lado de la casa. Obviamente esa era la dirección a seguir, y rápido.
Tras dos ventanas  estaban tres de sus colegas, el equipo personalizado bajo los ropajes locales los delata. “R2”, “Boxer” y “Balitas”.
-     -                  ¡”Mayor” entrando! – informó antes de hacerlo, no avisar era una llamada clara y directa para atraer el inamistoso “fuego amigo”.
-   -                    ¡Entra! - “R2” tan emotivo como siempre.
En unos pasos se colocó entre ambos hombres y bajo el nivel de la ventana.
-      -                Llegas tarde. ¿Te paraste a tomar un café?
 “R2” , sargento primero de Infantería de Marina, matizando siempre de manera efusiva lo de “Infantería”. La impasivilidad vestida de uniforme. Pocos mandos militares sabían trasmitir el respeto, calma y determinación, que el enjuto y seco “R2” lograba simplemente tomando, por ejemplo, ese café que nombró. Con un sentido del humor negro de vasco de corazón, parco en palabras, sin duda los hechos hablaban por el.
-       -                Algo así. Pero el escándalo que montais no me deja disfrutar el día.
-       -                Humm. – medio asintió, medio ignoró.
Tan locuaz como siempre. El silencio que siguió fue cubierto por el sentido práctico de “Boxer”.
-      -                Han cerrado las dos calles. Logramos romper para conectar con vosotros pero seguimos encerrados. Juntos pero encerrados. Y no tengo enlace radio.
-       -                Yo tampoco logro enlazar.
Recibian fuego desde la segunda planta de uno de los pocos edifios de más de un nivel de la zona, ametralladoras y fusilería AK barría cada centimetro del perímetro que lograban mantener.
La posibilidad de flanqueo era nula, el edificio de dos plantas tenía forma de media herradura y prácticamente rodeaba sus posiciones.
-       ¿Qué tal está esa calle de la izquierda?
 “Balitas”, joven y experimentado, a las malas como todos, policia nacional en el pasado,  soltó un sonoro suspiro de decepción.
-      -                Intenté romper por ahí a la vez que contactábamos con vosotros. Ni lo intentes, poco faltó para que acabara cagando por el ombligo. Tienen al menos dos RPK, una PKP y creo que al menos otra AGS 30, obviamente no pueden faltar los RPG de rigor.
Fanático estudioso de las armas y sus municiones, detallista hasta lo más ínfimo. Se podía confiar en él para análizar y definir. Si decía algo lo basaba en datos concretos y contrastados. No dudaba de la precisión de un solo dato del material que identificó a los bárbaros.
Analizando el entorno comprobó que al unir ambos equipos el perímetro se había ampliado de una forma que permitía una mejor cobertura y apoyo. Algo bueno. Pero tambien tenían mayor zona a controlar sin poder concentrar reservas para cubrir intentos de ruptura del enemigo. Algo malo
Siempre había creido que las guerras se ganan más por cerebros que por balas. Lo cual no invalidaba que también creía que, llegado el tajo, había que poner los huevos en el momento y lugar.
-       “¿Quieres centrarte” – Autorregañarse en momentos de estrés se estaba convirtiendo en una costumbre que no deseaba ni necesitaba adquirir – “Redios”.
Miró hacia su derecha, “un pasillo como una autovía, genial”.
-       -                Voy a cruzar! ¿Eres “Mayor”? – Informando a la vez que se aseguraba de que los del otro lado sabian quien era y, según la respuesta, confirmaba quien estaba en el otro lado. No era cuestión de encontrarse una reata de bárbaros queriendo hacer pinchito moruno de maño.
-    -                   Negativo, soy el picoleto de tus sueños más húmedos. Ven corazón.
Sin duda agarenos barbaros no eran.
-    -                   Entrando “Mayor” y “Boxer”.
Cruzando a la carrera el ancho pasillo abierto que dividía la casa se lanzaron en plancha al siguiente habitáculo, la cantidad de cacharrería y porcelana variada que cubrían el suelo le dio la pista, la cocina del hogar. “Que carajo me importará para que es esto, ¿céntrate? O te encontrarás sin cabeza que centrar.”
Desde un costado de un amplio ventanal que iluminaba el arruinado hogar lo miraba un sonrientemente burlón “Kairyu”.
-     -                  Cuanta pasión poseen “vuesas mercedes” cuando quieren.
-       -                Todos los picoletos sois así de mariconas o tú estas hoy especialmente cariñoso.
-       -                Uy Maese, sois tan dulce en vuestros versos.
-     -                  Si, hoy estoy de un inspirado que te rilas – rezongó mientras gateaba al costado de su colega - ¿Qué teneis por estos lares?
-    -                   Aquí, con mis parlanchines colegas, apostando si tu culo entraba intacto o a trozos. – señaló a los cuatro soldados locales que ocupaban el lugar.
-      -                Que bien  te lo pasas.
-       -                Que te cagas de bien.
Las miradas de los compañeros locales no permitían adivinar muchas alegrias por aquella conversación que no comprendian. Aquellos españolitos estaban locos, que Allah los confundiera.
-   -                    Bueno, se acabó el recreo. Tenemos trabajo. – Miró la pared del fondo - ¿Cuántos explosivos tenemos?
-      -                Si no los han dejado en casa antes e salir de excursión cada uno debe llevar 3 cargas de 100 gr de trilita, con sus correspondientes “Apps”. – contestó “Kairyu” un instante  más tarde sin dejar de controlar la calle.
-       -                Ok. Necesitaré  dos petardos cortados por la mitad y ya cebados.
Un  minutos y poco más tarde
-       -                Todos tras a cubierto ¡ YAAA!
Apenas él mismo se cubrió tras la pesada mesa sintió que el cerebro se le salía por las orejas, las muelas bailaban una sardana y los intestinos pedían vacaciones. Las dos medias cargas detonaron con una perfección casi de libro.

Sin encomendarse a Cristo ni al Diablo, siempre hay que mirar por ambos no sea que el ego de alguno de los dos salga afectado y nos acabe mirando mal, saltó hacia donde debía estar el boquete que buscó crear. El polvo y la conmoción no le permitían ver mucho, ni siquiera sabía si se acabaría estampando de bruces contra un muro intacto, o incluso si se dejaría los dientes clavados por un boquete demasiado pequeño. Inshallah, esperemos que si lo quiera el viejo moro.
A los ojos de los que estaban aun recuperando el uso del cerebro pareció ser tragado por la nube de polvo. Unos instantes despues fueron tras él “Boxer” y “Kairyu” en cabeza”
--                Maño de mier** - Suspiró con una sonrisa.

* * *

-      -                Bonitas vistas. ¿ahora qué? – preguntó “Boxer” una vez comprobaron, por las buenas por suerte, que el boquete era de medidas perfectas  y pudieron asegurar la casa adyacente – Hemos flanqueado unos metros pero seguimos dentro de su perímetro.
 “Mayor” seguía mirando de forma metódica el nuevo sector.
-      -                Si no nos abrimos paso y los desalojamos de ese punto fuerte lo único que recogeran cuando “Pitbull” logre entrar, serán los trocitos de nuestros blancos huevos. Y no creo que eso sea muy buena idea si tenemos en cuenta el aprecio de nuestras respectivas señoras le tienen a esa zona en particular.
-       Lo miró de reojo – Creo que en eso estamos de acuerdo, ¿No?
-      -                Estamos. Pero sobre aprecio de zona corporal y señora habla por ti.
-     -                  Vale – Sonrió a su pesar - Todos los edificios que rodean ese alto se han construido simplemente adosandose unos a otros, aprovechando los muros del vecino para ahorrar tiempo, dinero y esfuerzo.
 “Kairyu”  y “Boxer” volvieron a mirar el “vecindario” con un nuevo y concreto interés.
-      -                “R2” ¿me recibes?
-    -                   Aquí “R2”.
-   -                    Necesito fuego de supresión sobre nuestros vecinos en cuanto te lo solicite.
-   -                    Recibido.
-    -                   ¿”Ario”? ¿estás con nosotros?
-       -                 En la casa amarilla con “Mac”. Bonita fiesta te montas por tu lado.
-      -                Sí, seguro que mola mazo. ¿Qué te queda de tus juguetes gordos?
-    -                   Mío nada. Pero dadas las fechas en las que estamos y que he sido un ángel, los Reyes Magos me han dejado un morito bueno y muerto con una mochila repletita de RPG a estrenar. Asi que estoy generoso, pide por esa boquita y yo me encargo de repartir amor en los culos moros que me pidas.
El gigante rubio no perdía el humor.
- Ok, Necesito que les obligues a abandonar las habitaciones de la izquierda del edificio, de esa forma tendré espacio para poder acercarme, entrar y maniobrar.
-    -                   Hecho. Estaré listo a tu orden.
-    -                   Boxer” dejamos a dos aquí para que mantengan el fuego y no intenten flanquearnos por este punto.
Sin contestar “Boxer” señaló a dos con ligeras heridas que los hacían algo más lentos que el resto, señaló la ventana y les hizo el gesto manual de “cúbreme”. No se necesitaba ser un gran políglota para que simplemente se posicionaran con su fusil preparado. Buenos chicos.
Comenzaron a moverse habitación por habitación, a veces solo saltando ventanas, otras creando los accesos con cargas controladas.  Pero iban lentos, por suerte los bárbaros agarenos tenían demasiadas cosas con las que lidiar. “Pater”, “R2”, Balitas y “Flower” son buenos organizando fiestas y entretenimientos, el alma de cualquier fiesta que se precie. Y esta se precia para traca, truco y trato.
Finalmente lograron alcanzar la última pared. Tras la cual estaba su objetivo.
Colocaron tres cargas de 100 gr formando un triángulo equilátero. “Atracaron” las cargas con todo lo sólido, pesado y resistente que pudieron encontrar. Finalmente se retiraron dos habitaciones más allá con el pequeño explosor tipo “grapadora” conectado a las cargas por finos cables.
-     -                  “R2” … dale.
La descarga de fusileria, y ametralladoras, que surgió tras el mensaje a modo de contestación sin palabras, fue tan brutal e instantánea que hasta ellos mismos se encogieron de forma instintiva.
-      -                ¡"Ario"!
Una pequeña explosión seguida de sonido rasgado y deslizante precedió una mucho mayor explosión, seca y contundente, que les hizo apretar los dientes con mayor fuerza.
Con el dedo sobre el explosor “Mayor” miró a todos sus hombre para acabar centrando la mirada en su reciente amigo “Boxer”.
-                Cómo le gusta decir al enano de “Pitbull” ¿queremos  vivir para siempre?
Su sonrisa era la misma que amargaba la vida a sus antiguos oficiales , lo que es la vida.


***